Una dama de edad indefinida: la tersura de la juventud reflejada en la piel de su cara, la voz de la experiencia irradiando de sus ojos; unos ojos grandes que lo observan todo como si lo vieran por primera vez, unos ojos de anciana y de bebé al mismo tiempo, unos ojos a los que no se le escapan nada pero que no están seguros de nada… en definitiva, unos ojos curiosos.
Toda ella es un desafío, una cuestión. Su voz, ingenua aunque sabia, se escurre de sus labios entonando una pregunta, su cuerpo siembra la duda. Su olor abre los sentidos. Sus cálidas manos están dispuestas para acariciarlo todo…
Pero un detalle que llama más, si cabe, la atención, son las alas de la intuición que, pegadas a sus talones, la permiten avanzar lejos de la pesadez de lo terrenal, hacia mundos insospechados en los que la razón está impregnada de imaginación, creatividad, posibilidad…y duda.
Te preguntarás, impaciente lector, quién es esa encantadora criatura y donde la puedes encontrar. Simplemente su mención ha sembrado en ti curiosidad, pues es ese su nombre. Se encuentra en gran medida en el corazón y mente de los niños pero, ¡OH sorpresa! Pervive en los de todos los hombres y mujeres. En algunos, unos pocos, se pueden percibir todas sus cualidades, pero en otros parece casi un fantasma sin vida, o está atada de pies y manos por la soga de los dogmas inquebrantables e inamovibles que la marcan a fuego impidiéndola levantar el vuelo, o sus ojos casi no ven nada nuevo porque han sido tapados con el velo de la rutina.
La escuela la ha traicionado en contables ocasiones: haciéndose pasar por su amiga, la ha atormentado con la idea de que es insignificante y un estorbo para la inteligencia. La ha llamado traidora por sembrar el mundo de numerosos senderos donde solo se encontraba el marcado camino de lo establecido por la sociedad. La ha llamado blasfema por escaparse de sus labios, cual pájaros volando hacia la verdad, preguntas que nadie entendía. La ha tachado de rebelde por no querer seguir las leyes de la razón escolar. A continuación, cuando los niños mantenían la guardia baja y descuidaban su curiosidad a causa de estas injurias, la escuela ha terminado encerrando a esta adorable criatura entre los muros de lo cotidiano, lo sabido, lo pautado, lo marcado y estipulado.
Ahora solo pido, sobre todo a los que son y seremos profesores: ¡paremos de traicionar a la curiosidad! ¡Permitámosla remontar el vuelo agitado de quien duda! ¡Dejemos que muestre todas sus cualidades! ¡Arranquemos de cuajo ese frío pensar que la aplasta! Simplemente…!!Permitámosla ser ella misma!!.
Febrero 16, 2008 at 12:21 am
Hola, recién y por accidente no casual llegué a tu blog. Me fascinó esta reflexión. Te felicito, qué buena metáfora elegiste para decir cómo en la escuela matamos la curiosidad.
Gracias, me dejaste maravillada y pensando.
Una docente, estudiante de física de Argentina.