Todos hemos oído hablar de los científicos en general y de los matemáticos en particular. Seguro que tú, mismamente, tienes una idea más o menos acertada de lo que caracteriza a estos seres enigmáticos: quizás seas de los que piensan que son individuos solitarios, fríos, desalmados y raros; a lo mejor tu mente une matemático a bata blanca, aburrimiento, extraterrestre, gafas, barba (en el caso de los hombres, claro)… No voy a entrar en la batalla de si estas características son o no acertadas pero sí voy a exponer unos casos reales de despiste extremo que he encontrado entre las líneas del libro “Los matemáticos no son gente seria” de Claudi Alsina y Miguel de Guzmán (te animo a que lo leas). Ten cuidado, querido lector, no se te queme la comida, se te olvide una cita importante o no te acuerdes de tu nombre mientras te introduces en este post. Después de esta importante advertencia ahí van los despistes:
¿Qué pensarías si te toparas con una persona de carne y hueso, mirando meditabunda un huevo mientras su reloj se cuece entre la burbujeante agua de un cazo?: ¿está investigando algo?, ¿pretende llevar a cabo un conjuro mágico? ¿te has tomado unas copas de más y ya no sabes lo que ves? o más bien… ¿ese individuo es un despistado consumado?…pues bien, esta es la escena con la que se encontró un ayudante de Newton al entrar en la cocina creyendo que éste se estaba preparando algo después de unos cuantos días de ayuno.
David Hilbert tampoco se queda corto. Cuenta Polya que en ocasión de una fiesta en la casa de Hilbert, éste se fue a su dormitorio, siguiento los consejos de su mujer, con la intención de cambiarse de camisa. La pobre señora, después de esperar una considerable cantidad de tiempo, se dirigió a su habitación y se encontró con su marido reposando plácidamente entre las sábanas de su cama. Llegados a este punto podemos pensar que Hilbert tenía mucha cara o era un asocial, pero el verdadero motivo es otro: el matemático no se acordaba de lo que había ido a hacer a su habitación.
Ésta no es la única anécdota que Polya nos cuenta de este científico; por lo visto un joven profesor quiso mostrar sus respetos a Hilbert, para lo que se dirigió a su casa; se pusieron a charlar y cuando la conversación adquirió tonos aburridos, Hilbert cogió el sombrero del novato docente, se despidió educadamente y se largó de su propia casa dejando al profesor anonadado en la sala de estar. Hilbert había pensado que estaba en la casa de otro.
Para que luego digamos que la policía se salta a la torera las denuncias de robos:W. Hurewicz, otro amigo matemático, se dirigió a Nueva York en su propio coche. Cuando terminó lo que había ido a hacer, regresó a su hogar en tren. Te imaginarás qué ocurrió a continuación. Pues sí, has acertado, nuestro matemático llamó a la policía ¡denunciando el robo del coche que él mismo había dejado olvidado en algún aparcamiento de Nueva York!
Por último voy a relatar el caso de un gran fumador (porque también hay matemáticos que fuman,¿ eh?); Su nombre era Alberto.P. Calderón y ejercía de profesor en la Universidad de Chicago. Un día se encontraba impartiendo su clase con gran concentración, cigarro y tiza, el primero en la mano izquierda y la segunda en la derecha, como viene siendo lo normal en una persona diestra como él. En cierto momento el cigarrillo acabó en la mano derecha y la tiza en la izquierda. ¿Qué crees que pasó a continuación? pues que Calderón se dispuso a chupar con deleite su no humeante tiza.
¡Ostras! os tengo que dejar, !se me había olvidado que he dejado el grifo de la bañera abierto! si es que…
Diciembre 9, 2007 at 6:42 pm
Muy buenos tus artículos!!