El siguiente relato va dirigido a aquellos que creen que no pueden hacer nada porque no han encontrado la fuente de paz que mana en su interior.
<<No le gustaba nada la situación en la que se encontraba ella. Tampoco le gustaba el mundo, desprovisto de color como estaba. Pero ¿qué podía hacer? Poco.
Y con esta idea en su cabeza murieron los días y con los días fenecieron los meses y los meses se transformaron en años. Ideas de desamparo y apatía se fueron filtrando en su persona, sin prisa pero sin pausa. Los telediarios, las noticias, su cultura, los científicos… no hacían más que insuflar los rayos negros de pesimismo que se inmiscuían cada vez más en su vida.
Un día la carga era tan pesada, la culpabilidad tan aplastante, las mentiras tan hirientes que decidió mirarlas a la cara. Intentó internarse por entre el vasto temor que la paralizaba. No lo consiguió porque se apegaba a ese temor. Quería desprenderse de él pero no lo soltaba. Mas un día una voz, que manaba de lo más profundo de su ser, le dijo: <déjate caer> <no te resistas>. Y eso es lo que hizo ella. Y así comenzó su despertar.
Pero ¿sabéis quién era nuestra amiga? Una ficha dominó. Y ¿sabéis qué pasó con su pequeña muestra de consciencia? Al dejarse caer arrastró consigo a otra ficha dominó, que a su vez, gracias al efecto dominó, tumbó a otra.
La última ficha que cayó al suelo impulsó un resorte que hizo que se abriera la caja donde habían sido enjaulados los colores desde hacía tanto tiempo… El mundo mostró todo su esplendor ¡Y todo por el despertar de una ficha!>>
Así que no lo olvidéis. Si cada célula de nuestro cuerpo pensara que nada puede hacer por sí sola cuando nos achaca una enfermedad hace tiempo que estaríamos muertos.