Un pozo. Seco y lleno. Lleno de gritos, de brazos, piernas y desvaríos. Sus dueños: una miriada de hombres y mujeres con aire ido.

Unos imploran al cielo que los saquen. Otros se dejan caer en el suelo como si este fuera un soporífero narcótico. Algunos intentan subir el pozo pisoteando a los demás. Los menos intentan encontrar una solución pero se apegan a sus ideas y éstas les ciegan.

Muchos culpan a los demás de su situación. Otros claman al cielo, echando pestes por lo que les ha hecho y otros se martirizan a sí mismos. Pero tanto unos como otros permanecen ciegos.

Todos esperan que sea otro el que les saque de ese asfixiante lugar.

La situación te parecerá más irrisoria si sabes que una sólida escalera de cuerda llega, desde lo alto del pozo, hasta el suelo. Pero los hombres y mujeres están tan embebidos por su mala suerte que no la ven. Están tan preocupados en buscar culpables que no la palpan. Tan abstraidos están en no responsabilizarse de su situación que no la sienten.

¿Te reconoces en estos locos, atrapadesvaríos? ¿No somos unos nidos rebosantes de culpabilidad en los que no cabe la acción? ¿No nos quedamos quietos mientras dejamos que los demás nos ayuden? Pero la solución está cerca de nosotros. ¡La solución somos nosotros! Sólo basta con que iniciemos nuestra ascensión por la escalera. Peldaño a peldaño. Pero antes tenemos que verla a través de la niebla del miedo, los prejuicios, el apego, la culpabilidad, el autoengaño…

¡Que pronto encuentres la escalera que te lleva a ti mismo!

Advertisement