Una dama de edad indefinida: la tersura de la juventud reflejada en la piel de su cara, la voz de la experiencia irradiando de sus ojos; unos ojos grandes que lo observan todo como si lo vieran por primera vez, unos ojos de anciana y de bebé al mismo tiempo, unos ojos a los que no se le escapan nada pero que no están seguros de nada… en definitiva, unos ojos curiosos.
Toda ella es un desafío, una cuestión. Su voz, ingenua aunque sabia, se escurre de sus labios entonando una pregunta, su cuerpo siembra la duda. Su olor abre los sentidos. Sus cálidas manos están dispuestas para acariciarlo todo…
Pero un detalle que llama más, si cabe, la atención, son las alas de la intuición que, pegadas a sus talones, la permiten avanzar lejos de la pesadez de lo terrenal, hacia mundos insospechados en los que la razón está impregnada de imaginación, creatividad, posibilidad…y duda.